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  Críticas de conciertos
   
  El símbolo
    ABC, 14/2/2006
  "Prometeo" sin prometer
    La Razón, 12/2/2006
  Voces en la noche fria
    El País, 15/1/2006
   
  Críticas de discos
   
  Alfredo Aracil: Paradiso
    CD Compact, enero 2006
     
     
El símbolo
Alberto Gónzalez Lapuente
ABC, 14/2/2006

La Orquesta Nacional ha propuesto para esta semana un programa bien argumentado. "La música y el mito", que durante el curso da forma a varios conciertos de la temporada, ha tropezado con Prometeo y, en consecuencia, ha reunido a Beethoven, a Liszt, a Scriabin y a Alfredo Aracil, autor de un nuevo encargo Ocne estrenado para la ocasión. Al veterano compositor madrileño le han situado ante un pie forzado que él ha resuelto con una obra para gran orquesta titulada "Epitafio de Prometeo". Pero nada de esto ha incomodado a Aracil. Él mismo gusta plegarse a mil argumentos y relaciones de rango intelectual antes de acercarse al papel pautado. Su música, y esta obra así lo reafirma, brota desde el sometimiento. Fiel a su más característico estilo, Aracil condiciona la inspiración, entendida desde su lado más libertario, al entretejido de conceptos que se materializan en una escritura en la que se adivina el esfuerzo de cada nota, el rigor en los matices y la voluntad de no dejar nada al azar.
Pero al margen de cualquier razonamiento, Aracil siempre encuentra la posibilidad de poder jugar con su música de mínimos. En el "Epitafio de Prometeo" lo hace a partir de unos acordes iniciales que se emiten con contundencia pero que paradójicamente son sólo una puerta para un transcurso quedo, un desarrollo en el que el "símbolo" acaba por rendirse al estilo. Por eso, es en esa planicie central, en la que todo parece girar sobre sí mismo, donde mejor se reconoce al autor. Ahí la aparente homogeneidad del entramado adquiere un tono más abstracto, difuso, falsamente desenvuelto, amable al oído más dispuesto a olvidar cualquier tesis. Como todas las suyas, esta es también una música difícil pues pese a su disciplina y contención sonará con más convencimiento cuando los intérpretes fuercen lo expresivo y, de alguna manera, sean infieles a la letra.
Alrededor de Aracil se oyeron el resto de obras del programa. Prometeos trazados a través de un amplio arco temporal y todos necesitados de una energía interior que Josep Pons transmutó en un espeso transcurrir en el caso de Beethoven y sus "Criaturas", en vuelo rasante ante el poema sinfónico de Liszt, y en tibia propuesta para el de Scriabin, aquí arropando la cuidadosa intervención solista del pianista Gerardo López Laguna.
 
   
"Prometeo" sin prometer
Gonzalo Alonso
La Razón, 12/2/2006

Temporada de la OCNE. Obras de Beethoven, Liszt, Aracil y Scriabin. OCNE. Josep Pons, dtor. Auditorio Nacional. Madrid, 12 -II-2006.


La serie "Música y Mito" de la OCNE se acercó esta semana al de Prometeo, con el de Orfeo uno de los más amados por los compositores. Cuatro obras, una de estreno, para un programa breve.
Interesaba fundamentalmente la novedad de Alfredo Aracil, encargo de la casa, "Epitafio de Prometeo", para una amplísima plantilla orquestal -mucha presencia de percusión, 6 trompas, 3 trombones, 7 contrabajos, maderas a tres...- que luego apenas llega al oyente. En sus escasos quince minutos Aracil recrea su propio mundo sonoro, como siempre tan sutil como quebradizo, a pesar del explosivo acorde a plomo inicial. Inmediatamente, sobre una base de la cuerda a modo de ondas, que vienen y van con crestas anunciadas por los metales, el piano o el xilófono desgranan un canto parco y resignado, acorde con el título de epitafio. Llega a su conclusión sin grandes cambios. Su audición plantea tres problemas: se mantiene sin más la personalidad musical de Aracil, bien podría haber sido firmada hace diez años y su limitada capacidad de "enganche".
El programa se completó con lecturas correctas, que no entusiasmantes, de tres fragmentos de las beethovenianas "Criaturas de Prometeo" y los poemas temáticos de Liszt y Scriabin. Se vieron muchos claros en la sala. Nadie duda del interés y originalidad de la programación de la OCNE, pero cada ciclo tiene su público:los cambios conviene introducirlos en dosis muy medidas.
 
   
Voces en la noche fría
Luis Suñén
El País, 15/1/2006
"Que la sala grande del Auditorio Nacional presentara el viernes a las 22.30 de una noche gélida una entrada más que aceptable para escuchar música coral de dos autores españoles de hoy es como para pensar que la Orquesta de la Comunidad de Madrid va consiguiendo fidelizar a unos abonados que están viendo que una programación original es la mejor cura contra la pereza. Bien es verdad que el complemento era Vivaldi y que en eso los responsables actuaron con picardía. De modo que para quien el veneciano fuera un gancho, el concierto resultó seguramente una sorpresa.
Empezamos con dos piezas de Alfredo Aracil (1954): Trahe me post te, Virgo Maria y el primer cuaderno de Paradiso. Es decir, una obra ad hoc para una ocasión muy concreta y otra en progreso, separadas por 10 años. Lo del tiempo que ha pasado entre ellas importa poco, pues lo que cuenta aquí es lo que comparten, es decir, el trazo finísimo del autor, ese estilo hecho de elegancia y de sutileza que nunca levanta la voz pero que sabe muy bien adónde va y que en el paraíso de Dante halla una especie de atracción magnética. Aquí encontramos, digamos, la búsqueda de la belleza, de la hermosura en la expresión. En el motete Trahe me pos te, Virgo Maria, el magisterio, el dominio, la lección y el tributo a los maestros antiguos en un ejercicio espléndido de concentración expresiva. [...]"
 
   
Alfredo Aracil, Paradiso (Obra Coral)
Juan Carlos Moreno
CD Compact, enero 2006

"La obra de Alfredo Aracil (1954) plantea un sugerente dialogo entre el pasado y el presente, tanto a nivel de los textos que le sirven de inspiración, como en un sentido estrictamente musical. Este disco así lo confirma: en él se recogen cinco composiciones corales de este autor, de un interés fuera de duda. Cinco, o cuatro, pues Paradiso I y Paradiso II pueden considerarse tanto como dos partes de una misma partitura, o bien como dos composiciones independientes... La primera es de 1990, y la segunda de 2004, y ambas se basan en la Divina Comedia de Dante. Estamos ante una de las cimas de Aracil, quien aún se propone, en una fecha que todavía desconoce, pero que no será inmediata, escribir una tercera parte. Su propósito con ello no es más que dejar transcurrir el tiempo, de modo que tríptico, cuando esté terminado, refleje la huella que ese discurrir ha dejado sobre el compositor. El proyecto en sí es fascinante, y no lo es menos la música, dos madrigales a cappella en Paradiso I, el primero para voces femeninas a solo, y tres para coro y conjunto instrumental en Paradiso II. Música en todos los casos de una contenida expresividad, atenta al matiz, construida con una sensibilidad armónica y timbrica especial.
Si Dante está en el origen de Paradiso, un poema del Cancionero de Palacio y otro de San Juan de la Cruz conforman el núcleo de Cántico (1987), con referencias ocultas y deformadas de melodías de nuestra tradición pasada. La misma presente también en el motete Trahe me post te (2001), escrito para el conjunto barcelonés Música Reservata, especializado en la gran escuela polifónica española. Un motete de Francisco Guerrero conforma aquí la base hábilmente tranformado en algo nuevo, pero con el aroma de lo antiguo. Pero quizá la obra más sugerente sea Memoria de Próspero (1993-2004), para soprano, tenor, contratenor, coro, clarinetes, trompa y percusión. El misterio y la magia de La tempestad de Shakespeare aparece aquí recreada, aunque tamizada como por la bruma, una distancia que la hace aún más atractiva...
No son obras que lo pongan fácil a los intérpretes, pero hay que reconocer que el Coro de la Generalitat Valenciana, bien dirigido por Francesc Perales, y correctamente secundado por el Grup Instrumental de Valencia, vencen y convencen. Un excelente disco para acercarnos a la obra de un creador que ha sabido unir el hoy y el ayer de una forma personal y sin dejarse llevar por fáciles convencionalismos".
 
   
 
 

Alfredo Aracil

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