Antonio Rodríguez de Hita (1722-1787) constituye una las mayores personalidades de la música española la segunda mitad del Setecientos: organista y maestro de capilla de la iglesia magistral de Alcalá desde su adolescencia, ganó, en 1744, las oposiciones al magisterio de capilla de la catedral de Palencia, cargo que ocupó durante más de veinte años. Desde 1765 hasta su muerte en 1787, ocupó el mismo puesto en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, una de las instituciones más prestigiosas del reino. Con el dramaturgo Ramón de la Cruz protagonizó la renovación de la zarzuela en la segunda mitad del siglo xviii, especialmente con Las segadoras de Vallecas (1768) y Las labradoras de Murcia (1769) que definieron para las décadas siguientes el género cómico y costumbrista, deudor obviamente de la opera buffa.

La zarzuela Briseida, estrenada en verano de 1768, también sobre un texto del poeta Ramón de la Cruz, pertenece al género de la zarzuela “heroica”, el género cultivado desde Calderón, basada en temas históricos o mitológicos. En este caso, lleva a las tablas el célebre episodio de la cólera de Aquiles, ocurrido durante la guerra de Troya y tema central de la Ilíada. Con Briseida y Jasón o La conquista del Vellocino, con música del romano Gaetano Brunetti, De la Cruz recupera los argumentos extraídos de la antigüedad tan ligados a la tradición zarzuelística de Calderón y Cañizares, tomando prestados los convencionalismos del dramma per musica de Metastasio. Musicalmente Antonio Rodríguez de Hita utiliza los recursos más modernos: arias pentapartitas o binarias, modulaciones atrevidas, melodías de corte italiano, orquesta a la manera de Mannheim (trompas y oboes como cojín harmónico), efectos dramáticos que recuerdan los del Sturm und Drang, gran finale al finalizar el primer acto, etc.

El 10 de julio de 1768, el día anterior a su estreno público en el teatro municipal del Príncipe de Madrid, Briseida fue representada a modo de ensayo general en el palacio madrileño de Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla (1766-1773). Esta zarzuela heroica había sido compuesta para inaugurar la primera de las temporadas veraniegas «de gracia», instauradas precisamente por el conde de Aranda en julio de 1768, con el fin de compensar las mermas económicas que acarrearon a las compañías municipales la supresión de los autos sacramentales en 1765. Si bien no se ha podido acreditar fehacientemente la intervención del influyente político en el encargo de Briseida, se ha podido demostrar que esta zarzuela de temática seria se encuadra dentro la estética neoclásica que los ilustrados españoles, y el círculo del conde de Aranda en particular, intentaban consolidar en el panorama cultural español.

La acción emprendida por Aranda y el estreno de obras líricas en los teatros madrileños en verano de 1768 tienen su trasfondo político: desde las revueltas de 1766, los dirigentes políticos fomentarían las diversiones públicas como medio para mitigar la inquietud popular. Con esta apuesta por los espectáculos se conseguía aliviar las tensiones vividas con los motines, pero —como ha subrayado Jesús Aguirre— resultaban, además, un medio excelente para distraer a la ciudadanía tras la expulsión de la Compañía de Jesús de 1767.

Briseida obtuvo un gran éxito. El mismo libretista, Ramón de la Cruz, escribió años más tarde que el estreno –que tuvo lugar en el Teatro del Príncipe en julio de 1768– batió todos los récords de ingresos en Madrid (8.859 reales). El hecho es que, en los años inmediatamente posteriores, otros autores españoles, probablemente incentivados por los éxitos de De la Cruz, experimentaron en el campo de la zarzuela seria: Escipión en Cartagena (1770) de Agustín P. Cordero y Rodríguez de Hita, Iras de amor y celos (1772) de Juan de la Peña y compositor sin identificar, etc.

En un momento –el reinado de Carlos III– en el que la Corte española se distingue de otros centros europeos por poco el apego a la ópera seria italiana, Briseida encarna la tentativa de los neoclásicos de reformar la zarzuela heroico-mitológica y, contrariamente a lo que ocurrió en el campo de la tragedia, cosechó ante el público burgués de la capital éxitos comparables a los de las adaptaciones operísticas de Goldoni. Por ello, se trata, sin duda, de una de las obras líricas más interesantes del siglo XVIII español, profundamente vinculada a la reforma ilustrada y compuesta por uno de los grandes maestros y teóricos de la Ilustración, Rodríguez de Hita, motivos que justifican por sí solos la recuperación musical en tiempos modernos.