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No hay época en la historia de la literatura
universal en la que se haya escrito más y mejor sobre el
amor que en la Edad de Oro, y, dentro de este período, el
barroco poético español es el que, excepcionalmente,
extrema su expresión. Los poetas españoles más
inspirados supieron encarecer su pluma para escribir los versos
más conmovedores sobre esta constante humana. Por ello, escogieron
a menudo la máscara lírica de Ícaro, el joven
hijo de Dédalo, que por no escuchar los consejos del padre,
se acercó demasiado al sol, derritió la cera de sus
alas y murió precipitado al mar, mudando su vuelo de libertad
en muerte.
Ícaro fue uno de los mitos por excelencia de la sensibilidad
barroca: con tan sólo su alusión mitológica,
estaban refiriendo todo el destino del hombre en el argumento del
amor: el ascenso y la caída. De este modo, la sucesión
de imágenes y recuerdos del mito debe ser entendida en clave
metafórica: la dama es el sol; el deseo, las alas, y el yo
poético, el nuevo Ícaro, que en su vuelo de amor osa
pretender el favor de la dama, quien con cruel desdén lo
precipita a la desesperación y a la muerte de amor.
Al igual que los poetas, los compositores españoles más
reconocidos y de mayor prestigio de la época -activos en
las cortes de Felipe III y Felipe IV- se sintieron atraídos
por este tema y pusieron su inspiración musical al servicio
de los poemas más bellos. Junto a los inevitables anónimos,
en la grabación están presentes Manuel Correa, Bernardo
Murillo, Sebastián Durón, Mateo Romero (Maestro Capitán)
y Manuel Machado, cuyas obras proceden del Libro de Tonos Humanos,
manuscrito datado en 1656 que se conserva en la Biblioteca Nacional
(Madrid), y el Cancionero Poético-Musical Hispánico
de Lisboa, manuscrito perteneciente a las primeras décadas
del siglo XVII que se conserva en la Biblioteca de Ajuda (Lisboa).
Ícaro, en suma, marca el itinerario poético-musical
a través del cual se ha concebido un argumento original en
el que se canta el amor en sus múltiples matices. El orden
establecido para el repertorio grabado viene dispuesto por diferentes
apartados de la leyenda mítica de Ícaro ("Alas
de cera", "Ícaro", "El Sol", "El
vuelo", "La caída") y que, a su vez, remiten
a las más variadas metáforas y sentidos que el amor
tenía en el barroco hispánico.
Con el lanzamiento de esta grabación Lauda continúa
su línea discográfica de recuperación del patrimonio
musical español de los siglos XVI y XVII, a la vez que sigue
estableciendo puentes entre la interpretación musical con
criterios históricos, la filología y la investigación
musicológica más avanzada.
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